¡Veneno en la calle! Molly adulterada con químicos tóxicos amenaza a la juventud

Con motivo del Día Mundial de la Sobredosis, el Observatorio de Derechos Humanos para Grupos Vulnerables, coordinado por Manuel Meccariello, hizo un llamado urgente a la sociedad y a las autoridades dominicanas para que reconozcan la sobredosis y la dependencia a sustancias como un problema de salud mental, y no como un delito ni un estigma social.

En la República Dominicana, el consumo de cocaína, crack, opioides sintéticos y drogas de diseño como Molly y Tussy ha ido en aumento, provocando muertes que podrían haberse evitado. Incluso se han reportado brownies y dulces con marihuana distribuidos en escuelas, sin que existan controles eficaces a pesar de las denuncias.

Una de las situaciones más graves es la Molly adulterada, que se distribuye en algunos barrios mezclada con químicos tóxicos como veneno para cucarachas, y se vende por apenas 100 pesos, convirtiéndose en un riesgo mortal para los jóvenes.

“El consumo problemático de sustancias no puede seguir viéndose como un tema moral o judicial. Estamos hablando de personas enfermas, que necesitan tratamiento, apoyo psicológico y acceso a oportunidades de reintegración social y laboral”, advirtió Meccariello.

El Observatorio destacó que la prevención de la sobredosis es posible si se aplican políticas públicas basadas en evidencia, que garanticen acceso a salud mental, programas de prevención y atención integral sin prejuicios. Además, recordó que toda persona tiene derecho a recibir atención médica digna y sin discriminación, independientemente de su situación económica o de consumo.

A diferencia de otros países que aplican un enfoque de salud pública, en República Dominicana sigue predominando una visión punitiva, lo que dificulta los procesos de rehabilitación y reintegración.

“El Día Mundial de la Sobredosis debe recordarnos que cada vida perdida es evitable si actuamos con compromiso, empatía y políticas efectivas”, concluyó Meccariello. El Observatorio enfatizó que este problema debe abordarse desde la educación, la empatía y el acompañamiento, y no desde el castigo o la exclusión.