Un Dictador llamadoNicolás Maduro

Sin ninguna calidad moral, Estados Unidos se arroga el derecho de otorgarle el título de «dictador» a un presidente cuando no acepta sus mandatos imperiales. Pero cuando el mandatario es un pusilánime, genuflexo, entreguista y mequetrefe, lo apoya políticamente, militarmente y económicamente de manera incondicional sin importarle las consecuencias de los países de la región que considera su «traspatio» o «jardín trasero».
La historia lo confirma. Veamos: La lucha política entre la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS) y Estados Unidos (EE.
UU.), que dividieron el mundo en áreas de influencia y dominio, terminada la Segunda Guerra Mundial, comenzó la llamada Guerra Fría, que se extendió más allá del enfrentamiento político e ideológico. La
Unión Soviética y el Tratado de Versalles, desaparecieron, el muro de Berlín cayó la noche del 9 noviembre de 1989, marcando el fin de la Guerra Fría, pero el poderío de Estados Unidos se mantuvo y su influencia aumentó en Europa, con el Tratado del Atlántico Norte (OTA) la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Organización de Estados Americanos (OEA), Ministerio de Colonias del hemisferio, entre otros organismos internacionales.

Todas las dictaduras latinoamericanas, salvo muy raras excepciones, han sido estimuladas y respaldadas por Estados Unidos, causando daños dramáticos en cada uno de los países afectados, violando derechos humanos fundamentales, reprimiendo, encarcelando, torturando, exilados, asesinando y desapareciendo miles de hombres y mujeres sin acusaciones, sin expedientes, sin cometer ningún delito y sin juicio previo del sistema de justicia, sustituido por los militares entrenados por los marines norteamericanos en sus escuelas de tortura y crímenes de los opositores, por razones políticas e ideológicas.
Estados Unidos prometió no «otra Cuba socialista ni comunista en su jardín imperial» tras el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, su hermano Raúl, Ernesto «Che» Guevara y Camilo Cienfuegos, entre muchos otros. Previo a ello, apoyaron y respaldaron la dictadura de Fulgencio
Batista desde 1953 hasta 1959, cuando Fidel y sus barbudos arribaron a La Habana.

La historia de América Latina es la historia de las invasiones militares, del saqueo de sus recursos naturales, de la explotación, de la barbarie, de los asesinatos en masa de todos los imperios, principalmente de Estados Unidos.
Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, México, Panamá, Colombia, Haití, República Dominicana, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Granada, Cuba, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Venezuela, etc. Todos han padecido largas y dolorosas dictaduras, organizadas y financiadas por Estados Unidos, con el pretexto de la libertad, la democracia y la justicia. Sin embargo, ninguno de esos países creció ni se desarrolló bajo esos regímenes dictatoriales. Al contrario, el daño institucional, político, económico y social fue enorme. Se necesitarán muchos años para recuperar todo lo perdido durante esa época de
terror.

El Plan Cóndor (Operación Cóndor), respaldado por EE. UU. UU. y el HDP (Hijo de Puta, Henry Kissinger, fue iniciado en 1975 hasta 1990 en América del Sur
(Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay, Perú, Chile)
provocando la desaparición y muerte de miles de ciudadanos de esos países. (El horror llegó de sangre, dolor y luto a toda la región)
Un informe de un organismo de Derechos Humanos de Paraguay, de 1992, habla, conservadoramente, de 400 encarcelados, 30 mil desaparecidos y 50 mil asesinatos. Otros informes elevan las cifras en más de un cien por ciento. El Plan Cóndor fue una barbarie. Crímenes de lesa humanidad que nunca han sido castigados en su justa medida. Operación
Cóndor fue un exterminio en el marco de la Guerra Fría que jamás podrá justificarse.

Gobiernos democráticos, elegidos por sus respectivos pueblos, fueron derrocados mediante golpes de Estado. Verbigracia: Juan Bosch, 1993, provocando una revuelta armada y la segunda intervención militar estadounidense para imponer la dictadura de 12 años de Joaquín Balaguer; Salvador Allende, 1973, para imponer al general asesino, ladrón y corrupto de Augusto Pinochet, hasta 1990.
Esa historia se repitió en Nicaragua con los Somoza, en Haiti con los Duvalier, entre otros criminales respaldados por EE. UU.
Yo pregunto: ¿con qué calidad moral, con qué autoridad política, Estados Unidos califica de dictador al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, secuestrado y encarcelado ilegalmente como si fuera un perro rabioso?
Muchos en nuestro país y en el resto del hemisferio parecen haber olvidado su historia de intervenciones militares, golpes de Estado, dictaduras, torturas, desapariciones, violaciones de los derechos humanos, corrupción y exterminio de generaciones enteras.

Como he dicho otras veces: así como E.E. U.U. dijo:
«No más Cuba en América»; tampoco permitirá que otro régimen socialista se convierta en un ejemplo como Cuba para toda la región. El problema no es Maduro, como ya he dicho; el problema es «el chavismo». Es lo que representa ideológicamente;
es que Chávez recuperó la dignidad del pueblo venezolano recuperando sus recursos naturales, renovables y no renovables.
Venezuela es uno de los países más ricos del mundo. Tiene mucho de todo. La mayor reserva portalera del mundo. Mucho oro, plata, agua, tierras raras, diamantes, bosques, etc. Toda esa inmensa riqueza, Donald Trump y su grupo de delincuentes se la quieren robar. A ellos no les interesa la democracia, la libertad o la justicia; a ellos les interesa el petróleo. ¡Dejémonos de tonterías!
Venezuela es el país, junto con Rusia, que más sanciones padece en el mundo. Igual que Cuba, con un bloqueo criminal que tiene más de 60 años, al que oponen casi todos los países de las Naciones Unidas.

Ahora resulta que el Cártel de los Soles no existe ni ha existido nunca; fue una mentira más, porque
Venezuela no produce coca ni laboratorios para producir cocaína, y que Maduro no es un terrorista ni un narcotraficante. Lo dicen las propias autoridades estadounidenses: el secuestro fue ilegal, violó el Derecho Internacional y las leyes de ese país, pues la invasión no fue autorizada por el Congreso.
Si Maduro fuera un dictador, su pueblo no estaría en las calles de todo el territorio reclamando su retorno al país y al poder.

Un dictador raro ese Maduro, que anda por las calles compartiendo con la gente humilde, bailando, cantando y disfrutando de la vida con su gente.
Maduro no anda matando a ciudadanos, torturándolos ni desapareciéndolos. Los que se han marchado del país, sobre todo oligarcas, han sido por decisión propia, porque no pueden mantener los privilegios irritantes que el sistema anterior les permitía: la evasión de impuestos y la corrupción.
Si los chavistas encabezados por Maduro hubieran accedido al imperio, nada de lo que hoy sucede en
Venezuela estaría ocurriendo.
Maduro no es el dictador. Desde mi punto de vista, el dictador es Donald Trump, que amenaza no solo a Venezuela, sino también a Cuba, Panamá, China, Rusia, Dinamarca, Canada y México, entre otros. El que impone aranceles de manera unilateral, el que amenaza con invadir, el que alimenta el golpe de Estado, el que amenaza al mundo. Trump es la reencarnación de Hitler en el siglo XXI.

PD: No digo que el «chavismo» sea un régimen perfecto. De hecho, no existe en el mundo un sistema perfecto. De igual manera, creo que Maduro y los chavistas han cometido errores importantes en la conducción del Estado. Pero jamás me pondría de acuerdo con los enemigos confesos de la República Bolivariana de Venezuela ni con su gobierno. De igual modo, jamás pediría una invasión militar, un golpe de Estado, el secuestro del presidente Maduro ni su encarcelamiento en cárceles estadounidenses por
violar el Derecho Internacional. ¡Eso no! ¡jamás!

Por: Juan TH