El arzobispo metropolitano de Santo Domingo y Primado de América, monseñor Francisco Ozoria Acosta, reveló en una carta pública que la Santa Sede le retiró sus principales facultades administrativas y de gestión, manteniéndole únicamente el título honorífico de arzobispo.
En la misiva, dirigida “a todos sus hermanos y amigos”, el prelado explicó que fue él mismo quien solicitó al Vaticano el nombramiento de un arzobispo coadjutor, con el objetivo de garantizar la continuidad del trabajo pastoral y de las líneas de acción de la Iglesia, centradas en la comunión, participación y corresponsabilidad.
Sin embargo, Ozoria expresó su sorpresa al conocer que el nuevo arzobispo coadjutor designado por la Santa Sede fue investido con “facultades especiales exclusivas” para manejar el patrimonio diocesano, las finanzas y la administración del clero y del personal eclesiástico.
De acuerdo con el texto, esta medida le suspende la potestad de gobierno en esos ámbitos a partir de la toma de posesión canónica del nuevo jerarca.
“Según las Letras Apostólicas, se me suspende por mala administración. Así hay que entenderlo. Nunca se me amonestó o advirtió”, escribió Ozoria, dejando entrever su descontento con la decisión del Vaticano.
A punto de cumplir 75 años, el arzobispo aseguró sentirse en paz y agradecido por su ministerio sacerdotal, que ha desempeñado durante más de cuarenta años, y afirmó haber servido a la Iglesia “con humildad y sencillez”.
La carta, firmada por el propio monseñor Ozoria Acosta, constituye un hecho poco común dentro de la jerarquía eclesiástica dominicana, al hacer pública una situación interna del Vaticano y detallar las razones detrás de la intervención administrativa en la Arquidiócesis de Santo Domingo.